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25/12/2008

Como estamos nuestro señor... Parte 1

En el día del nacimiento del Santísimo, en mi casa se habló de la Iglesia Católica. Estado o no, imginaos la historia contada con retranca y gheada.

*

O crego Alfredo era un ladrón. Despois de tres anos vivindo na Pontraga, don Alfredo veu á nosa casa.
-Boas noites, Antonio, tes tabaco?
-Non señor, non fumo.
-Bueno... ti Antonio, débesme algo... desde hai uns anos.
Estabamos de porta pa fora, que eu xa non o mandei pasar. Dixen eu, imos falar aquí ó fresco.
-E logo don Alfredo? Por que lle debo? A min as deudas, se as teño e teño cartos, gustame pagalas.
-Tes tabaco?
-Non! xa lle dixen que non fumo.
-Bueno home, é que non me pagaches a obrada estes anos. É un ferrado e medio de trigo por ano, home.
-E eso por qué? Osté dígame para que é eu págollo.
-Pois o medio ferrado é para iluminar ó Santísimo.
-Ai bueno, destonces, si, se é para iluminar ó Santísimo. [Sorna al canto] E o outro ferrado?
-Bueno home... é que sempre se fixo así... é costumbre.
-Costumbre?
-É costumbre, e o crego tamén ten que vivir de algo.
-Pois mire don Alfredo, a osté cando chegou aquí, déronlle un lugar e unha casa. E aínda lle pagan por dar a misa. A min ninguien me deu nada, fixen a casa miserablemente e non tuveron o costumbre de darme nada. Se a miña abuela tiña o costumbre de comer caldo, eu non o teño, nin o tuven, nin o terei. Así que arree e non volva pedir a esta casa.
E o cura arreo e non volveu pedir a obrada á nosa casa.

*

Si va a ser cierto, que antighuamente las cosas eran diferentes. En la cena de Nochebuena, el abuelo era el protagonista, sentado a la cabecera de la mesa todos oíamos sus viejas historias.
Y así entre historias de curas usureros, revueltas populares, vecinos legendarios del lugar y chistes verdes se nos pasó la noche. Hasta las tres de la mañana jugando al tute cabrón y hasta las cuatro disfrutando de los regalitos.
Feliz Navidad a todos. Ojalá todos tengáis un abuelo como el mío del que aprender mucho.

07/09/2008

El cumple de mamá

En casa de la abuela, donde las cocina sigue siendo de hierro y los lavavajillas siguen siendo los nietos. Atareados como chinos en la ceremonia de inauguración de los Juegos en hacer y deshacer café para veinte personas, ni nos dimos cuenta de que no estábamos haciendo la digestión. Y ahora viene lo duro, y nunca mejor dicho. Porque la hazaña para expulsar los tres platazos de paella y la carne asada con patatitas fritas que nos metimos entre pecho y espalda va a ser épica. Sin contar el queso, la larpeira, los pasteles de Nieves, aquel pastel grande como un mundo y el bizcocho que buenamente hizo la abuela a primera hora de la mañana, por se non era dabondo.
Así que celebramos las cuarenta y tres primaveras de mamá al estilo de toda vida, lo que incluye sexagenarios jugando al tute o discutiendo si mengano o citrano era del 40 o del 41, mujeres comentando el espectáculo que dieron las de Sabediosdonde cuando se les marchó el cura a Sabecristodonde y, sobre todo, grandes enchentes.
Si ya lo decía Miguel Lago